El grupo de teatro SANTIAGO RUSIÑOL les invita a nuestros estremos y representaciones durante este año 2012
16 Marzo 2012
17 Marzo 2012
Se puede ser aventurero, estafador, pirata, mendigo, lo que sea Pero lo que no se puede ser es maleducado.
(MONIQUE RENARD)
El humor es una postura comprensiva hacia la humanidad. Es estar de vuelta de todo y disculparlo todo y perdonarlo todo. Un resentido, un fanático, no puede ser humorista. El humor no es reírse de nadie ni reñir a nadie, sino tener para todos una sonrisa cariñosa de indulgencia, de comprensión y de piedad. No puede haber humorismo sin piedad.
(MIGUEL MIHURA)
17 Junio 2011
18 Junio 2011
XXVII Muestra de Teatro de la Federación de las Casa Regionales en la Comunidad de Madrid
Domingo 26 Junio 2011 - 18:30
Centro Cultural Nicolás Salmerón, c/ Mantuano 51, 28002 Madrid
Entrada libre. Hay que recoger las entradas el mismo dia por la mañana en el Centro Cultural
En los tratados de numerología se suele considerar las cifras pares como indicio de estabilidad y armonía y todo parece apuntar a que el Grupo de Teatro Santiago Rusiñol lo sabía. Unido al empuje que trae consigo el 2011 (pues en el número 1 está todo, él es la semilla y el primer paso) la gente del Taller de Prácticas del Cercle Català nos ofreció en marzo una nueva representación de El trío en mi bemol, de Éric Rohmer, donde la pareja (el número 2) se convierte en el núcleo del que todo puede germinar: dos personajes y ocho actores con una función abierta para una infinidad de lecturas. El 18 de febrero la pareja que nos acompañó en el teatro fue la de las hermanas Ana y Laura, las protagonistas de Hay que deshacer la casa, de Sebastián Junyent, que nos enseñaron a leer la vida en clave de comedia dramática. El 18 de marzo los cuatro actores de Dakota nos demostraron que, a la vez que realidad, «toda la vida es sueño» y el 6 de mayo ocho actores (número asociado a la estabilidad de la esfera celeste) nos llevaron de la mano a su azotea particular para ver qué es lo que hay Después de la lluvia. Entre los festejos que hemos ofrecido durante la última Festa Major a los socios del Cercle, nuestros amigos pudieron disfrutar de una nueva función de Dakota y del preestreno de Después de la lluvia, textos de dos de los dramaturgos catalanes contemporáneos más interesantes: Jordi Galcerán y Sergi Belbel, respectivamente. Ellos pueden dar fe de que los números pares (con su simetría, su estabilidad, su sencillez...) llevan todo el año marcando la trayectoria del Grupo de Teatro Santiago Rusiñol... y aún queda por llegar el estreno del montaje de Cuatro corazones con freno y marcha atrás, con un reparto de dieciocho actores, el fin de semana del 18 de junio. Demasiados números pares para no estar allí.
Guillermo Gómez Sánchez-Ferrer
Desde el estreno de Dakota, de Jordi Galcerán, el día 18 de marzo,
no son pocos los espectadores que han podido adentrarse en el mundo de los sueños gracias al
Grupo de Teatro Santiago Rusiñol. Los socios del Cercle Català que se acercaran a ver la última de las funciones,
que se brindó con motivo de la Festa Major el día 29 de abril, habrán podido comprobar que Josep Compte,
director del montaje, ha impreso en la obra una estética de ritmo endiablado con la que contar esta historia
de premoniciones y de falsas apariencias.
El conflicto de Hipólito, el protagonista de la obra, no es otro que la eterna duda hamletiana en que no
solo se plantea si debe «ser o no ser» sino también «qué ser». El actor Carlos Hipólito,
cuando representó el papel de su tocayo, no dudó en decir del personaje de Galcerán que era el Segismundo
de nuestro siglo y entre la gente del Grupo no han faltado voces que lo relacionen incluso con el oráculo
de Delfos. ¿Pero qué es lo que hace que esta función, llena de sueños premonitorios, sea tan prolífica como
para vislumbrarse en ella algunos de los ecos más sugestivos de la tradición dramática occidental?
Dos son, principalmente, las preguntas que animan la función y que hacen de esta una obra tan moderna como
clásica: ¿dónde está el límite entre la realidad y nuestra percepción del mundo?, y otra más terrible aún,
¿somos realmente dueños de nuestro destino o un dios veleidoso mueve nuestras fichas sin que nosotros seamos
conscientes de ello más que en breves momento de epifanía? Estas son las incertidumbres que despierta en el
público el espectáculo de Josep Compte, que se asienta para su ejecución en dos factores que dotan
de gran fuerza el montaje: por una parte, la dirección de escena ha sabido enfatizar los recursos vodevilescos
de la obra y el ambiente surreal de muchas de sus escenas;
por otra, los cuatro actores que levantan sobre sus espaldas el peso de la función no podrían
estar más acertados en su interpretación. Desde el confuso Hipólito de Ferrán Arís hasta el hilarante
guardia civil de Carlos Moreno, pasando por la réplica precisa y llena de frescura de sus jóvenes
compañeros de reparto: Aloma Romero y Marco Álvarez.
Esta Dakota se nos presenta como un regalo y una invitación. El Santiago Rusiñol nos recuerda:
«¡Sueñen con nosotros, no está prohibido!». Atrevámonos, pues, a construir nuestros sueños,
a crearnos un lugar «donde brilla el tibio sol», como Nino Bravo soñaba de América.
Atrevámonos a soñar con ellos.
Luis Pablo Núñez
Como única vía de escape para encender un cigarrillo y escapar clandestinamente de la normativa
que prohíbe fumar en el interior de un edificio de oficinas, un grupo de trabajadores de una empresa
financiera se reúne en la azotea de un rascacielos de cuarenta y nueve plantas. La situación,
podríamos decir, no es muy diferente de la que se vive en nuestros días en cualquiera
de las grandes ciudades: el contexto es el mismo que el nuestro (lo que ha dado pie a películas
con rasgos comunes como Smoking room), con la grata diferencia de que el espectador elimina las
alturas y se ve transportado piso arriba o abajo frente a los anhelos e inquietudes de cada una
de esas personas.
¿Quiénes son estas? Los nombres siquiera importan, y así el reparto las define como "secretaria rubia",
"secretaria morena", "secretaria pelirroja" y "secretaria castaña", junto a la directora ejecutiva
-nunca sabremos exactamente a qué área se dedica la empresa-, el jefe administrativo, el programador informático y el mensajero local. El ascensorista y el jefe de personal no aparecen en la representación, aunque sí en los comentarios y cuchicheos de los presentes.
Cómo un grupo de personas vinculadas por el hecho de trabajar en una misma empresa pueden ser tan
diferentes es lo que irá desmenuzando la obra: más allá de las relaciones laborales saldrán a flote los
problemas conyugales del jefe administrativo, los escarceos sentimentales del mensajero y la secretaria
pelirroja y la ambición de la directora ejecutiva. ¿Encontrará cada uno de ellos la felicidad?
El final así parece indicarlo, bajo una lluvia redentora, traída incluso físicamente a escena.
Representada el 6 y 7 de mayo, con un preestreno el día 1,
Después de la lluvia se sumó a los actos de la Fiesta Mayor de Cataluña.
El Grupo de Teatro Santiago Rusiñol del Círculo Catalán de Madrid consiguió,
bajo la dirección de Nùria Soler, una excelente interpretación por parte de todos los actores,
que huyeron de la afectación, con especial mención para Gracia Hernández y Marisé Pelaz,
que aportaron energía y toques de humor. Con un cuidado diseño de luces y sonidos se separaron
convenientemente las partes soñadas -referidas, fundamentalmente, a caídas desde la azotea-
de las "reales". Y, cómo no, de acuerdo con la normativa legal sobre la prohibición de fumar
en espacios públicos cerrados, los cigarrillos fueron no ya apagados, sino sustituidos,
como mostraba el cartel que anunciaba la obra, por piruletas.
Queremos agradecer a todas las personas que hacen posible que los estrenos lleguen a buen fin
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